InfoUniversidad

Entrevistas

“La gran idea”, una entrevista de media hora entre Noam Chomsky y el periodista británico Andrew Marr, emitida por primera vez por la BBC en febrero de 1996.

Marr:

Profesor Chomsky, podríamos empezar oyéndole explicar qué es lo que usted llama el “Modelo de Propaganda”. Para mucha gente, la idea de que la propaganda la usen gobiernos democráticos, y no sólo gobiernos dictatoriales, será una idea extraña.

Chomsky:

Bueno… el término “propaganda” cayó en desgracia hacia la Segunda Guerra Mundial pero en los años veinte y treinta era usado frecuentemente, e incluso preconizado, por líderes intelectuales, por los fundadores de la moderna ciencia política, por progresistas estilo Wilson y, por supuesto, por la industria de relaciones públicas, como una técnica necesaria para superar el peligro de democracia. La estructura institucional de los medios de comunicación es bastante evidente – estamos hablando de los EE.UU. pero no es muy diferente en el resto del mundo -, hay diferentes sectores pero los medios que establecen la agenda, los que crean el marco en que se mueve el resto (como el New York Times y el Washington Post, etc.), éstos son grandes empresas, partes de aún mayores conglomerados. Como otras instituciones empresariales, tienen un producto y un mercado. Su mercado son los anunciantes, es decir, otras empresas; su producto son audiencias relativamente privilegiadas, más o menos…

Así pues están vendiendo audiencias a …

Están vendiendo audiencias privilegiadas , tenemos a grandes empresas vendiendo audiencias privilegiadas a otras grandes empresas. Entonces, la pregunta es : ¿qué imagen del mundo esperaría que saliera de esta estructura una persona racional? Y luego sacamos diversas conclusiones sobre lo que esperaríamos, lo comprobamos y sí, ésa es la imagen del mundo que sale.

¿Y esto es algo más que la idea de que, básicamente, la prensa es relativamente de derechas, con algunas excepciones, porque es propiedad del gran capital – lo cual es evidente, es bien sabido?

Bueno, yo diría que la prensa es relativamente liberal. Aquí estoy de acuerdo con los críticos de derechas. Especialmente el New York Times y el Washington Post que son llamados, sin pizca de ironía, – por ejemplo el New York Times es conocido como “la izquierda institucional” en, por ejemplo, las más importantes revistas de política exterior – y esto es correcto, lo que no se reconoce es que el rol de la intelectualidad liberal institucional es poner unos límites muy abruptos de hasta dónde puedes llegar: “hasta aquí, pero no más allá”.

Deme algunos ejemplos de eso…

Bueno, tomemos por ejemplo la guerra del Vietnam; probablemente, el crítico más influyente, y de hecho, uno de los líderes intelectuales de la oposición en los medios de masas, es Anthony Lewis del New York Times, el cual llegó finalmente a oponerse a la guerra del Vietnam hacia 1969 -más o menos un año y medio más tarde de que la comunidad empresarial hubiera más o menos ordenado a Washington que lo dejara correr -, y su imagen desde entonces es que la guerra (según él) empezó con grandes esfuerzos por hacer el bien pero acabó siendo un desastre hacia 1969 y costándonos demasiado – y ésa es la crítica.

Así pues, ¿qué hubiera dicho a los americanos sobre la guerra del Vietnam en ese momento un modelo “no de propaganda” ?

Lo mismo que la prensa les estaba diciendo sobre Afganistán. Los Estados Unidos invadieron Vietnam del Sur… primero pusieron en los cincuenta un típico estado de terror estilo Latinoamérica, que masacró decenas de miles de personas, pero fue incapaz de controlar las revueltas locales (y todo el mundo sabe, al menos, todo especialista lo sabe, que esto es lo que ocurrió), y cuando Kennedy entró en la Casa Blanca, en 1961, tenían que tomar una decisión porque el gobierno de Vietnam del Sur se estaba colapsando bajo los ataques locales, por lo tanto simplemente invadieron el país. En 1961 las fuerzas aéreas estadounidenses empezaron a bombardear civiles en Vietnam del Sur, autorizaron la destrucción de las cosechas con napalm… después en 1965 – enero o febrero de 1965- la siguiente gran escalada de violencia tuvo lugar contra Vietnam del Sur, no contra Vietnam del Norte, eso fue un show secundario, todo esto es lo que una prensa honesta hubiera dicho, pero no puedes encontrar el más mínimo rastro.

Bien, si la prensa es una organización que censura, dígame cómo funciona – ¿usted no está sugiriendo que los propietarios se llaman unos a otros, o que se les desechan historias a muchos periodistas, por ejemplo?

Es más bien… Orwell, quizás usted lo recuerde, hizo un ensayo titulado “Censura literaria en Inglaterra”, que tenía que ser la introducción a “Rebelión en la granja” sólo que nunca apareció, en que señala “miren, estoy escribiendo sobre una sociedad totalitaria pero aquí, en la libre y democrática Inglaterra, no es tan diferente” y luego añade que las ideas impopulares pueden silenciarse sin usar la fuerza, y da una respuesta de dos frases, no muy profunda pero que capta la idea. Dice, por dos razones: primero, la prensa la poseen hombres muy ricos que tienen todo el interés del mundo en que no aparezcan ciertas cosas pero segundo, todo el sistema educativo, desde el principio, te lleva a entender que hay cosas que simplemente no se dicen. Bien, entrando en detalle, esto es perfectamente cierto, quiero decir, el primer punto es lo que expresábamos ….

Esto es lo que no entiendo, porque sugiere, – quiero decir, yo soy un periodista -, que gente como yo, nos “autocensuramos”..

No, no es autocensura. Hay un sistema de filtro, que empieza en el jardín de infancia, y sigue hasta el final y – no funciona al cien por cien, pero es muy efectivo- selecciona para la obediencia y la subordinación y especialmente…

Así que los rebeldes no llegan a posiciones de influencia.

Tendrán ‘problemas de conducta’ o… si usted lee por ejemplo los formularios de entrada a una universidad, verá que la gente dice cosas como “no se lleva muy bien con sus compañeros”, ya sabe cómo interpretar estas cosas.

Esto me interesa puesto que crecí, como mucha gente, probablemente después del Watergate, etc, creyendo que el periodismo era una profesión de rebeldía, de cruzada, y que había mucha gente rebelde, difícil, polémica en el periodismo y tengo que decir que creo que conozco a algunos de ellos.

Bueno, yo conozco algunos de los mejores, de los más conocidos periodistas de investigación en los EE.UU. – no mencionaré nombres – cuya actitud hacia los medios es mucho más cínica que la mía. De hecho, consideran a los medios como una ‘farsa’. Y lo saben, y hablan constantemente de cómo intentan …jugar con ella: si ven una pequeña entrada, intentarán meter ahí algo que ordinariamente no pasaría. Es totalmente cierto que esta es una profesión de ir a la contra, “Nos levantamos contra el poder”, una visión muy útil para ellos mismos. Pero por otra parte, en mi opinión, odio hacer un juicio de valor pero los mejores periodistas, incluso los que son usualmente considerados como los mejores periodistas, tienen una visión bastante diferente y creo que muy realista.

¿Cómo puede usted saber que yo me autocensuro? ¿Cómo puede saber que los periodistas…

Yo no digo que usted se autocensure – estoy seguro de que cree todo lo que dice, lo que yo digo es que, si usted creyera algo diferente, no estaría sentado donde está sentado

Nosotros – en Gran Bretaña – tenemos una prensa que tiene, me parece a mí, una gama de opiniones relativamente amplia – hay quizás una mayoría conservadora bastante sentimentaloide pero hay periódicos de izquierdas y hay una gama bastante amplia de puntos de vista, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, para los que las quieran. No veo cómo un modelo de propaganda…

Eso no es verdad. Quiero decir, ha habido buenos estudios sobre la prensa británica, y puede mirarlos – el de James Curran es el más importante – que señalan que, hasta los sesenta había ciertamente una prensa digamos socialdemócrata, que más o menos representaba los intereses de los trabajadores, la gente ordinaria, etc. y tenía mucho éxito – por ejemplo el Daily Herald tenía…no sólo mayor circulación que otros diarios sino también un público muy fiel. Más aún, la prensa sensacionalista de la época -el Mirror y el Sun- era también de extracción trabajadora. En los sesenta, eso se acabó, desapareció bajo la presión de las necesidades de capital. Lo que quedó mayoritariamente fue el tipo de prensa de centro-a-derecha con alguna disidencia – es cierto, quiero decir,…

Tenemos, diría, un par de periódicos de gran tirada que son de centro-izquierda y que están expresando puntos de vista neo-keynesianos a los que lo que usted llama élite, es extremadamente hostil…

Es interesante que usted llame centro-izquierda a los neo-keynesianos, yo lo llamaría centro. Centro-izquierda es un juicio de valor…

Seguro …

hay excelentes periodistas en Inglaterra, bastantes, que escriben muy honestamente, que escriben muy buen material, mucho del cual no aparecería aquí en EE.UU.. Por otra parte, si se examina la cuestión en general, no creo que encuentre usted mucha diferencia y los pocos (no hay muchos estudios sobre la prensa británica), los pocos estudios que hay han encontrado resultados muy parecidos, y creo que los mejores periodistas le dirán lo mismo. De hecho, usted mismo puede comprobarlo en casos concretos. Por ejemplo, el que acabo de mencionar, la guerra del Vietnam. La prensa británica no tenía los mismos intereses en ella que la americana, puesto que no estaban luchando en ella. Consúltela alguna vez y vea cuántas veces puede encontrar la guerra americana en Vietnam descrita como un ataque de los EE.UU. contra Vietnam del Sur, empezando con agresión directa en 1961 y creciendo hasta agresión masiva en 1965. Si encuentra un 0.001% de reportajes diciendo eso, me sorprenderá, y en una prensa libre, el 100% lo hubiera dicho. Esto es un tema de hechos, no tiene nada que ver con derecha o izquierda.

Déjeme sacar a colación una guerra más moderna, la Guerra del Golfo, sobre la cual, una vez más, mirando la prensa británica, viendo la televisión, uno era muy consciente de la oposición contra la guerra…

¿Ah, sí?

La campaña “no queremos petróleo a cambio de sangre” y he…

Esa no es la oposición…

¿”No queremos petróleo a cambio de sangre” no es la oposición?

No. Saddam Hussein atacó Kuwait el 2 de Agosto. En los días siguientes, el miedo de Washington era que Saddam se fuera y dejara un régimen títere, más o menos lo que EE.UU. había hecho en Panamá. Los EE.UU. y Gran Bretaña, por lo tanto, se movieron rápidamente para minimizar el peligro de retirada. A finales de agosto, Irak estaba enviando ofertas de negociación, para una retirada iraquí negociada. La prensa no las quiso publicar aquí, tampoco en Gran Bretaña. Se filtró no obstante…

Hubo un gran debate sobre si debería haber habido un arreglo negociado.

No, perdón, no hubo ese debate, hubo debate sobre si deberían seguir las sanciones, lo cual es una cuestión diferente, porque el hecho es que tenemos muy buenas evidencias de que hacia mediados o finales de agosto las sanciones ya habían funcionado, estas historias venían de antiguos oficiales americanos en el Departamento de Estado, como Richard Helm, la prensa no quiso publicarlas, pero consiguieron que un periódico, el Newsday, un periódico local de Long Island, lo hiciera, naturalmente con el propósito de ganarle la partida al New York Times, que es lo que importa. Salió en Newsday y eso continuó hasta el dos de enero. En ese momento, las ofertas que llegaban eran aparentemente tan razonables para el Departamento de Estado, que los oficiales del departamento estaban diciendo “Mira, esto es negociable, razonable, quizás no lo aceptamos todo, pero es ciertamente una base para una retirada negociada”. La prensa no quiso cubrirlo. Newsday sí. Otros pocos también lo hicieron, un par de artículos de opinión, y por lo que yo sé – puede usted comprobarlo – la primera referencia a algo de esto en Inglaterra es en realidad un artículo que yo escribí para el Guardian a principios de enero. Compruébelo y vea si hay alguna referencia anterior.

OK, veamos otros ejemplos clave, que usted ha examinado, que parecen ir en contra de su idea, como es el caso Watergate.

Watergate es un ejemplo perfecto – lo hemos discutido extensamente en nuestro libro, de hecho, y en muchos otros sitios – es un ejemplo perfecto de la manera en que la prensa está subordinada al poder. De hecho…

¡Pero esto echó a un Presidente!

Un momento, echemos una ojeada. Lo que ocurrió, es muy interesante, porque no podemos hacer experimentos en historia pero aquí la historia fue tan amable que nos montó el experimento. Dio la casualidad que las revelaciones del Watergate sucedieron exactamente en el mismo momento que otro conjunto de revelaciones, las de COINTELPRO.

Perdón, nos tendrá que explicar eso.

Es interesante que lo tenga que explicar, porque es enormemente más significativo que el Watergate – eso sólo ya demuestra mi argumento. COINTELPRO fue un programa de subversión llevado a cabo, no por un par de criminales, sino por la policía política, el FBI – en cuatro administraciones diferentes. Empezó hacia el fin de la administración Eisenhower, siguió hasta…

¿Se refiere al fin del Partido Socialista de los Trabajadores en América?

El Partido Socialista de los Trabajadores fue sólo un fragmento. Empezó… bueno, para cuando había acabado, estaba dirigido a toda la Nueva Izquierda, al movimiento feminista, a todo el movimiento negro; era extremadamente amplio – sus acciones llegaron hasta el asesinato. Bien, ¿cuál es la diferencia entre los dos? Muy claro. En el Watergate, Richard Nixon fue contra la mitad del poder privado en EE.UU., es decir, el Partido Demócrata, y el poder puede defenderse. Por tanto, fue un escándalo. No hizo nada, no ocurrió nada, fíjese, yo estaba en la lista de enemigos de Nixon: no me enteré, jamás ocurrió nada. Pero…

No obstante, no puede decir que fuera un suceso insignificante, echar a un Presidente…

No, fue un caso en que la mitad del poder de EE.UU. se defendió contra una persona que obviamente se había pasado de los límites. Y el hecho de que la prensa pensara que eso era importante, demuestra que consideran que la gente importante debería poder defenderse. Ahora bien, si realmente había una cuestión de principios involucrada puede comprobarse fácilmente en este caso. Una minúscula parte del programa COINTELPRO era mucho más significativa, en cuanto a principios, que todo el Watergate, y si examinas todo el programa, bueno, no hay discusión. Pero usted tiene que preguntarme qué es COINTELPRO. Sabe perfectamente qué es el Watergate. No podría haber un ejemplo más dramático de la subordinación de la opinión intelectual al poder, aquí en Inglaterra, así como en los EE.UU..

Sé que se ha concentrado en asuntos exteriores y algunas de estas áreas clave…

También he hablado mucho sobre problemas nacionales.

Bueno, me gustaría llegar a eso, porque todavía me parece que, en un abanico de temas bastante importantes para el poder, hay oposición seria…

Eso es cierto

…Gingrich y su agenda neo-conservadora en América ha sido salvajemente despedazada. La aparentemente fija sucesión a la candidatura republicana a la presidencia se ha venido abajo. Clinton, que es una figura poderosa, está teniendo grandes problemas con el caso Whitewater. Mire donde mire, uno ve ataques, oberturas…

Dentro de un abanico tan estrecho que tienes que mirar realmente intensamente para encontrar – déjeme ponerle un…

Puedo interrumpirle un momento porque usted dice que el abanico es estrecho pero por una parte…

Déjeme explicarle …

..tenemos republicanos que proponen el …

¿Puedo explicarle?

…republicanos que proponen el ‘impuesto plano’ hasta demócratas relativamente a favor de un Estado poderoso.

Encuentre a uno, encuentre a un demócrata a favor de un Estado poderoso. La posición hoy en día es exactamente lo que dijo Clinton: “Los tiempos de papá Estado se han acabado, papá Estado ha fracasado, la guerra contra la pobreza ha fracasado, tenemos que librarnos de esta historia de la cobertura social” – este era el mensaje de campaña de Clinton en 1992. Eso son los demócratas. Lo que hay hoy es una diferencia entre digamos republicanos moderados y republicanos extremistas. De hecho, es de sobra conocido el hecho de que ha habido durante mucho tiempo una especie de división en la comunidad empresarial americana, no es exacto pero bueno, entre empresas orientadas internacionalmente, intensivas en capital y de alta tecnología, que tiende a ser lo que se llama “liberal”, y industrias más intensivas en trabajo, más orientadas nacionalmente, menos avanzadas tecnológicamente, que es el sector llamado “conservador”. Bien, entre estos dos sectores, ha habido diferencias y, de hecho, si examinamos la política americana, oscila bastante entre estos dos límites (hay buenos trabajos sobre esto, el más completo es el de Thomas Ferguson, un experto sobre política).

Un ejemplo más, que tiene cierta resonancia en Gran Bretaña y en Europa, es la gran polémica sobre el NAFTA (Asociación Norte Americana de Libre Comercio), donde….

Este será bueno

… si hay algo que uno pueda describir como un movimiento de oposición global, es decir, sindicatos, verdes, activistas, ciertamente estaba presente en la discusión anti-NAFTA…

¿Puedo decirle lo que ocurrió?

Bueno…

¿Puedo decirle lo que ocurrió?

Lo que iba a decir es que …

Nunca se mencionó…

… esos argumentos estaban bien… éramos muy conscientes de esos argumentos.

No! Eso es simplemente mentira. No se permitió publicarlos y lo he documentado bien, le daré referencias si usted quiere.

En Gran Bretaña lo leímos todo sobre el tema, es todo lo que puedo decir.

No, no fue así, por ejemplo…

Lo siento pero sí…

Bien, déjeme preguntarle: ¿leyeron el informe de la Oficina de Asesoramiento Tecnológico del Congreso?

Bueno…

Perdone, ¿leyeron el informe del Comité Asesor Laboral?

Bueno, no recibo estos informes, pero leí…

Perdone, esto es…

… leí muchos artículos anti-NAFTA que fueron muy…

Lo siento. Si usted está interesado en los hechos, le diré cuáles son, e incluso le daré fuentes también. El acuerdo NAFTA se firmó más o menos en secreto por los tres presidentes a mediados de agosto, en medio de la campaña presidencial. Hay una ley en EE.UU. – la Ley de Comercio de 1974 – que requiere que cualquier tema relacionado con el comercio sea enviado al Comité Asesor Laboral, integrado por los sindicatos, para su asesoramiento y análisis. No se les envió. Un día antes de cuando en teoría debían entregar el informe, se les envió finalmente. Los sindicatos en EE.UU. son bastante derechistas, pero estaban furiosos. Nunca les habían enseñado este acuerdo. Tenían 24 horas, no tuvieron tiempo de estudiar el texto. Aún y así, escribieron un vigoroso análisis, con alternativas, diciendo “Miren, no estamos contra un NAFTA, estamos contra esta versión” – hicieron un buen análisis, coincidió que muy similar a uno que había dado el Servicio de Investigación del Congreso, la Oficina de Asesoramiento Tecnológico. Nada de esto salió nunca en la prensa. Lo único que salió en la prensa fue el tipo de crítica con el que estaban dispuestos a lidiar: críticas despectivas a Méjico, nacionalistas de extrema derecha, etc. Eso sí salió en la prensa. Pero no el análisis crítico por parte del movimiento sindical. Ahora bien…

Pero de todas formas, por un proceso de ósmosis o algo parecido, yo me enteré de muchos de los argumentos anti-NAFTA, sobre la base de la protección de los trabajadores, degradación medioambiental, …

¿Puedo continuar? Esto sigue así en la prensa, hasta el final… había grandes movimientos populares en contra, era extremadamente difícil suprimir todo esto, suprimir todo lo que salía del movimiento sindical, pero lo hicieron. Al final, se había alcanzado un punto en que había una preocupación real de que no pudieran sacarlo adelante. Eche una mirada al New York Times y al Washington Post -los medios “liberal” y “conservador”- en las últimas dos semanas, yo ya he escrito sobre ello y le diré lo que encontrará. Lo que encuentra es un apoyo cien por cien al NAFTA, rechazo a permitir expresar ninguno de los argumentos populares, tremendas críticas al movimiento sindical…

Un momento, para que esté seguro que entiendo el punto sobre la prensa liberal versus la prensa conservadora porque, en Gran Bretaña en estos últimos dos años, los políticos que me encuentro están profundamente irritados, incluso furiosos, sobre los ataques hacia ellos en la prensa, día tras día, en temas que ahora llamamos ‘morbosos’. Se sienten perseguidos, creen que están incomprendidos, y que la prensa está por encima de todo, es elitista y destructiva; éste es el mensaje que nos están dando. Ahora bien, usted dice que todo eso no importa, porque es parte del mismo…

Es marginal… Lo mismo ocurre aquí – cuando la prensa se centra en la vida sexual de los políticos, ponte la mano en el bolsillo y vigila tu cartera porque esos no son los temas que interesan a la gente. Quiero decir, tienen un interés muy marginal. Los temas que importan son otros, así que tan pronto como oiga, ya sabe, a la prensa y los políticos, etc., hablando de ‘valores morales’, como le digo, póngase la mano en la cartera – sabe que está ocurriendo alguna otra cosa.

Pero ha sido mucho más que … ciertamente aquí, ha sido mucho más que historias de cama, ha sido también sobre coger dinero, sobre las grandes empresas financiando a los partidos…

Corrupción, bien, jueces corruptos, buen tema…

¿Partidos corruptos?

Sí, partidos corruptos. El gran capital no está a favor de la corrupción, ¿sabe?, y si la prensa se centra en la corrupción, el Fortune Magazine estará muy contento, eso no les importa, no quieren que la sociedad sea corrupta, quieren que funcione de acuerdo a sus intereses, eso es otro tema. La corrupción interfiere con eso. Por ejemplo, cuando estuve en, digamos.. acabo de volver de la India; el Banco de la India ha presentado una estimación – economistas de allí me dicen que es baja – de que un tercio de la economía es en “negro”, es decir mayoritariamente empresarios que no pagan sus impuestos. Eso llega a la prensa porque en realidad, ciertamente a las multinacionales no les gusta nada. Quieren que el sistema funcione sin corrupción, ni robos, ni sobornos, simplemente que les llene el bolsillo. Así que, sí, es un buen tema para la prensa. Por otra parte, los temas de los que he hablado, no son buenos temas, porque son mucho más significativos.

¿Cómo sería una prensa, según usted, sin el Modelo de Propaganda? ¿Qué estaríamos leyendo que no leamos ahora?

He dado ya una docena de ejemplos. En cada uno de ellos, que por cierto ha escogido usted, quiero decir, yo podría escoger mis propios ejemplos, pero prefiero dejar que lo haga usted, en cada uno de ellos creo que se puede demostrar que ha habido una severa distorsión de los hechos – esto no tiene nada que ver con derecha e izquierda como he estado remarcando – lo cual ha dejado a la población confusa y marginalizada. Una prensa libre simplemente diría la verdad. Esto no tiene nada que ver con derecha e izquierda…

Y dado el poder del gran capital y de la prensa, ¿qué puede hacer la gente?

Pueden hacer exactamente lo mismo que hacen en las chabolas y pueblecitos de Haití, organizarse; y Haití, que es el país más pobre del hemisferio, ha conseguido crear una sociedad civil vibrante, viva, en las chabolas, en los pueblos de las montañas, en condiciones que muchos de nosotros no podemos ni imaginar. Nosotros podemos hacer lo mismo, mucho más fácilmente.

Existen activistas en América…

… no estoy hablando de los movimientos llamados ‘Comunitarios’ sino de los activistas locales en las comunidades, escritores, etc, por todas partes.

Por todas partes, por todas partes …por ejemplo, en una ciudad como Boston, con todo tipo de gentes: no conocen la existencia de los otros. Hay muchos grupos. Una de las cosas que hago habitualmente son giras por el país dando charlas; uno de mis objetivos, y el objetivo de la gente que me invita, es juntar a la gente, gente de esa zona, que trabajan en las mismas cosas y no se conocen, porque los recursos están tan esparcidos y los medios de comunicarse tan marginales, que no hay mucho que puedan hacer. Ahora bien, muchas cosas están ocurriendo. Por ejemplo, radios locales, que están bastante fuera del sistema…

Iba a preguntarle sobre eso, y sobre Internet, que ciertamente tiene un acceso bastante abierto, por el momento.

Bueno, Internet, como toda tecnología, es un arma de doble filo. Como toda tecnología, incluyendo la prensa escrita, tiene un potencial liberador pero tiene también un potencial represivo, y hay una batalla en curso sobre en qué dirección va, como la hubo para la radio, la televisión, etc.

Sobre propiedad y publicidad.

Correcto – y sobre lo que habrá y quién tendrá acceso. Recuerde, por cierto, que Internet es un fenómeno de la élite. La mayor parte de la población del mundo no ha hecho nunca una llamada de teléfono, así que obviamente no está en Internet. No obstante, sí tiene un potencial democratizador, y la batalla actual es sobre si se podrá desarrollar ese potencial o si se convertirá en algo parecido a un sistema de marketing doméstico y una forma de marginalizar a la gente aún más. Esa discusión ocurrió en los años 20 con la radio, es interesante cómo acabó, pasó lo mismo con la televisión, está ocurriendo ahora con Internet. Este es un tema de lucha popular. Mire: no vivimos como hace doscientos años, o incluso como hace 30 años, ha habido mucho progreso. No han sido regalos del cielo. Ha sido el resultado de gente uniéndose, y rehusando aceptar los dictados de instituciones autoritarias. Y no hay ninguna razón para pensar que esto se ha acabado.

Usted ha sido descrito y algunos dirían que a veces se ha descrito a sí mismo, como una especie de voz disidente solitaria – usted claramente no se siente solo de ninguna manera.

Yo no he dicho nada de eso. Ciertamente no me veo a mí mismo así. No puedo aceptar ni una pequeña parte de las invitaciones que recibo. Mis actos están programados con dos años de antelación, seleccionando tan sólo una…

Y hablando a grandes audiencias.

Enormes audiencias. Y no son sólo intelectuales. Son mayoritariamente audiencias populares. Probablemente estoy 20 o 30 horas a la semana sólo respondiendo a cartas de gente de todo el mundo. Casi me gustaría sentirme un poco más solo. Pero no es así. Naturalmente no estoy en el mundillo, sabe, no estoy en los medios de masas, pero no lo espero. ¿Por qué deberían ofrecer espacio a alguien que está intentando minar su poder y sacar a la luz lo que hacen? Pero eso no es soledad.

Profesor Chomsky, muchas gracias.

 

Entrevista a Julio Cortazar por Osvaldo Soriano (París-1983)

  En el último relato “Diario para un cuento”, de tu último libro, Deshoras, hay un conmovedor homenaje a Adolfo Bioy Casares. ¿Cuál ha sido tu relación con él?

   -Yo me había encontrado fugazmente con él en Buenos Aires, pero en aquella época, en 1947, yo no había publicado todavía Bestiario. Años más tarde él vino a París, y como era amigo de Aurora Bernárdez, la llamó y le dijo que tenía ganas de vernos. En ese momento ya me había leído, claro. Entonces vino a casa y me hizo unas fotos, porque Bioy es muy buen fotógrafo. Después, cuando yo fui a Buenos Aires, Marcelo Pichón Rivière, que es amigo suyo, me dijo que Bioy quería verme. Fuimos a su casa y pasamos una hermosa noche en la que hablamos de vampiros todo el tiempo.

   -Curiosamente Bioy es un escritor del que no se habla mucho en la Argentina.

   -Sí, y eso es lo que yo admiro en él. Se ha negado a toda promoción de tipo publicitario. Incluso cuando aquí en Francia se elogia mucho La invención de Morel porque lo ven como una especie de modelo de relato fantástico, sé que Bioy no se entusiasma, no le gusta que hablen de él. Es un hombre muy secreto.

   -“Diario para un cuento”, es, me parece, absolutamente autobiográfico. ¿Cuál es la parte de ficción en ese texto?

   -Yo diría que lo autobiográfico se injerta en un texto que luego es pura invención.

   -Pero, ¿vos no fuiste traductor público?

   -Sí, yo fui traductor público nacional y lo más interesante del cuento es la parte autobiográfica porque tal como lo cuento en el Diario, entre la clientela que me dejó mi socio cuando se marchó de la oficina que teníamos en San Martín y Corrientes, me encontré con cuatro o cinco clientas que eran prostitutas del puerto a quienes él les traducía y escribía cartas en inglés y en francés. Entonces yo me encontré con ese problema. Recuerdo que él les cobraba cinco pesos, más por la forma que por el trabajo. Entonces, cuando yo heredé eso, me pareció cruel decirles que porque yo era el nuevo traductor no iba a hacer ese trabajo. Por otra parte era una experiencia psicológica interesante y durante un año les traduje cartas de los marineros que les escribían desde otros puertos. Fue entonces cuando me enteré de un crimen. Por supuesto que no sucedió como yo lo cuento en Diario, pero en un cambio de cartas había referencias a un veneno y a la eliminación de una mujer que molestaba a alguien.

   -Pero el cuento tardó más de treinta años en tomar cuerpo, y eso me llama la atención, porque parece un tema cantado para vos. ¿Por qué tardaste tanto en escribirlo?

   -Tal vez la explicación está en el mismo cuento. Habría que analizarlo más profundamente, porque vos ves que mi problema ahí es que yo no logro nunca atrapar al personaje de Anabel como hubiera querido y a lo largo del cuento es ella la que me va atrapando a mí. Se me ve más a mí y con una visión muy negativa… Yo pensé mucho en aquel episodio: en esas dos noches en las que uno hace el recuento de su vida y surge la asociación de ideas, he pensado mucho en eso; sin embargo nunca fue una incitación a escribir un cuento. Creo que yo estaba bloqueado desde el comienzo con ese tema.

   -Es decir que cuando comenzaste a escribir no tenías todavía el cuento armado.

   -No. Allí no hay ningún montaje, la primera palabra fue escrita antes de la última, sin ningún tipo de artificio. Reflexionando me decía: “Me gustaría contar esto, ¿pero cómo hacerlo?” y tenía un problema técnico de ésos que a veces se plantean y entonces, de golpe, me dije “a lo mejor lo que conviene hacer es empezar escribiendo sobre cómo no puedo escribir el cuento… un tipo me lleva un diario”. De allí la apelación a Bioy y todas las referencias marginales que van saliendo. En esos días yo estaba leyendo un libro en Derrida que iluminaba mi estado de ánimo en el momento de hablar de mi relación con Anabel. Pero cuando llegué a la mitad del Diario más o menos, ahí me di cuenta -y ésa es la pequeña trampa del escritor-, que ya estaba escribiendo el cuento, que éste estaba contenido en el diario. Saltaba, iba y venía, me salía del cuento y volvía a hablar de mí en París, del tipo que escribe su diario, que ya está viejo. Entonces el cuento siguió sin problemas hasta el final.

   -La historia ocurre el último año de tu estadía en Buenos Aires.

   -No, un poquito antes. Esperá: yo me fui en el 51 y empecé a trabajar desde el 48 en la oficina ésa… Sí, debe haber sucedido en el 49 o 50 y ya pensaba en irme. Vos sabés que yo hice un primer viaje exploratorio a Europa en el 49; me vine por tres meses como turista: Estuve en París, en Italia y en Londres y volví a Buenos Aires con una decisión prácticamente tomada, es decir quemar las naves, ver si el gobierno francés me daba una beca, que en ese tiempo se podían conseguir en la Argentina, y venirme para aquí. Gané una beca de literatura que daba la Soborna, o el Ministerio de Educación, que era muy pobre y no alcanzaba para vivir, pero me permitía instalarme en la ciudad universitaria. Así estuve viviendo cinco meses en el pabellón argentino hasta que no pude más de estar rodeado de compatriotas que no hacía ningún esfuerzo por aprender una palabra de francés y se pasaban el día llorando y tomando mate. Yo no sabía si me iba a quedar del todo o no, pero decidí que esa no era una manera de vivir en París y con la poca plata que tenía me conseguí una piecita en la rue d´Alessia y me instalé ahí.

   -Lo que me emocionó mucho en ese cuento es la visión crítica, feroz a veces, para con el Cortázar de aquella época, incapaz de entender lo que sucedía en la Argentina , sobre todo el fenómeno peronista.

   -Tenés mucha razón. Por eso estoy contento de haber escrito este cuento, ya tan tarde en mi vida, porque eso me ha dado un espacio de autocrítica con la lucidez con que creo verme en ese cuento, digamos como me ve Anabel, y yo era incapaz de verme en esa época, ni yo ni mi clase todo el medio que yo frecuentaba y allí hay muchas referencias a eso. Aparece, por ejemplo, ese amigo mío, ese abogado, el doctor Hardy, que es el mismo de “Las puertas del cielo“; un tipo al que le gusta acercarse a los bajos fondos, a las milongas y los bailes pero como un antropólogo, un burgués que después vuelve a su casa a pegarse un baño y vivir su vida del otro lado. Bueno, éramos todos un poco así, y lo éramos en el plano político también. Es decir, mi incapacidad de captar a Anabel en ese cuento, yo la extrapolaría ahora y te diría que era mi incapacidad para captar el panorama político argentino. Esa es la conclusión final que hay que sacar del cuento. Dicho esto, hay que agregar una cosa importante: mientras yo escribía este cuento jamás se me cruzó por la cabeza el asunto, es decir, nunca traté de simbolizar una cosa con la otra.

   -Tampoco es una reivindicación de lo que estaba pasando en el país, del peronismo, con el que vos seguís siendo muy crítico.

   -En absoluto. Además, buena parte de las críticas que yo hacía al peronismo de ese momento las sigo haciendo hoy en 1983. Pero en cambio hay muchas otras cosas sobre las que he cambiado de opinión.

   -Vos me dijiste una vez que ibas al Luna Park a ver boxeo con un libro de Victor Hugo en el brazo.

   -No sé si sería Víctor Hugo, porque en ese entonces Hugo ya se me había quedado un poco atrás, pero habré estado llevando en la mano uno de los autores que leíamos en la época, que podía ser por ejemplo Rilke o Hölderlin, porque leíamos mucho a los poetas alemanes, es decir, era el joven esteta y estetizante que termina de leer Rilke y va a ver boxeo como otro espectáculo estético.

   -Recuerdo que en “Casa tomada” lo que más lamenta el personaje es que “del otro lado” se hayan quedado sus libros franceses. Eso le importa más que los 15 mil pesos que perdió.

   -Tenés razón, son esas frases que uno escribe y son hasta proféticas. Después, retrospectivamente te das cuenta de lo que contenían esas frasecitas. Y es verdad; alguien me preguntó una vez cómo era mi biblioteca de joven, la que yo dejé en Buenos Aires cuando me vine a París. Esa biblioteca se componía, creo, de un sesenta por ciento de literatura francesa en lengua original, un veinte o treinta por ciento de literatura anglosajona, autores ingleses más que norteamericanos y el resto España y Argentina, algo de Italia… pero no lo lamento: creo que esa especie de cosmopolitismo cultural que tuve desde el comienzo ha sido infinitamente útil. Una parte de aquel famoso diálogo con José María Arguedas (y que no era una polémica entre él y yo ni mucho menos) venía de eso, de que yo no podía aceptar el punto de vista exclusivamente telúrico y localista que valía para Arguedas, pero no para Julio Cortázar.

   -Voy a hacer una digresión porque tengo ganas de saber, si no te molesta, quién era Paco, “que gustaba de mis cuentos”. A él le dedicaste “Bestiario” y luego aparece en uno de tus relatos posteriores.

   -Está bien que me hagas esa pregunta porque puede haber una confusión; hay dos Pacos. Uno, a quien yo le dediqué Las armas secretas, es Paco Porrúa; el otro murió en el año 42 y fue mi compañero de estudios. Hicimos los tres años de profesorado juntos. Era un muchacho al que yo quise profundamente y con el que me entendía muy bien. Formábamos un grupo de amigos muy pequeño y entre ellos había uno que sigue siendo muy conocido en Argentina, que es Jorge De’Urbano. Paco fue mi mejor amigo y murió de manera muy cruel, de una enfermedad renal. Hay un cuento mío que se llama “Ahí, pero dónde, cómo” y en él está Paco. Porque yo tengo eso, que a veces sueño con Paco, que está en un plano dado en el que lo veo como en esa época… Es lo que trato de decir en ese cuento, que es un balbuceo porque eso no se puede decir con palabras. Es una experiencia demasiado vertiginosa.

   -¿Qué fue de esos cuentos que le gustaban a Paco? ¿Publicaste alguno?

   -Hubo un cuento de toda la serie que sobrevivió, los demás los destruí. Porque yo fui muy crítico en ese sentido, y me negué a publicar hasta muy tarde. Mi primer libro sale en el año 51, cuando me vengo a Europa y yo tenía en ese momento 36 años. Pero un cuento quedó, que se llama “Bruja”. Sobrevivió porque le había gustado mucho a Arturo Cuadrado, que era un español exilado en la Argentina, muy simpático, que tenía una editorial que se llamaba Nova y dirigía la revista Cabalgata, donde yo hacía críticas de libros. Arturo vio ese cuento y me lo pidió. Yo lo releí y pensé que podría salvarse. Es un cuentito que está afuera de mis libros, pero yo lo reivindico de todas esa serie que le gustaba a Paco. Y ahora sé por qué le gustaban a Paco: tal vez fui un poco injusto en destruirlo, aunque no hubiera podido salvarse, pero yo ya estaba en pleno terreno fantástico y algunos -todavía me acuerdo del tema de los cuentos- eran muy fuertes en materia fantástica y eso lo fascinaba a él.

   -Tus primeros cuentos ya eran fantásticos?

   -Sí, desde el comienzo. Hubo una novela, que también destruí, y que no tenía nada de fantástica. Eran como seiscientas páginas y la escribí para hacerme la mano. Unos años más tardes decidí que no me gustaba y fue al fuego. Ahora me gustaría saber cómo escribía en esa época…

   -De dónde viene ese horror de “La escuela de noche“?

   -Es que, como te decía, no es solamente que la educación fuera mala sino que también había una tentativa, sistemática o no -al menos yo lo sentí así- de ir deformando las mentalidades de los alumnos para encaminarlos a un terreno de conservadorismo, de nacionalismo, de defensa de los valores patrios, en una palabra, fabricación de pequeños fascistas, que es lo que cuenta “La escuela de noche“.

   -¿Eso fue durante el gobierno de Uriburu?

   -Yo estuve en la escuela entre 1.929 y 1.935, así que estaba en primer año de magisterio cuando el golpe de Uriburu y salimos todos a la calle a aplaudir la revolución; ¡la festejamos como la liberación del país! Imaginate, en mi familia eran todos conservadores y para nosotros Yrigoyen era una especie de crápula, así que Uriburu aparecía como un libertador. Después vino el gobierno de Justo y en la escuela normal se hacían tentativas a cargo de algunos profesores para meternos en asociaciones y brigadas que acompañaran a Justo. De modo que esa escuela fue para mi una tremenda estafa que me hizo mucho daño.

   -Podrías contarme algo de tus sueños, porque por lo que sé son recurrentes y han abierto el camino a no pocos relatos. Además tenés la suerte de poder retenerlos, atrapar las imágenes que luego te van a servir.

   -Los sueños son capitales en mi vida. Si hago la cuenta de los que dieron origen a mis cuentos deben ser muchos. Empezando por “Casa tomada“, que fue una pesadilla vivida y escribí el cuento la misma mañana después de haberla tenido. Hay algunos sueños que puedo recordar nítidamente al despertar, otros trato de atraparlos y se me van como una nube. Pero los más terribles me marcan de tal manera que aun en este momento en que te estoy hablando veo esa imagen que luego será Ciclón Molina en “Segundo Viaje”; estoy viendo mi pesadilla como si hubiera estado ayer en la morgue viendo un cadáver. También tengo sueños alegres, por supuesto, pero nunca he escrito un cuento con ellos. O sueños anodinos o divertidos. Fijate, yo tengo sueños en los que hago juegos de palabras, pero eso es deformación profesional del escritor y cuando me despierto y me acuerdo del sueño me río mucho porque descubro la clave. Algunos son muy tontos. Por ejemplo, en una época en que yo sufría un problema afectivo, de separación, tenía un osito de felpa que era un símbolo entre nosotros, y lo perdí; se fue con ella, y yo me acordaba de ese juguete con cariño. Una noche soñé con ese osito y alguien me decía que se llamaba Lemío, nombre que jamás yo ni la mujer en cuestión, le habíamos dado. Cuando me desperté, como ya sé analizar mis juegos de palabras, me di cuenta de manera completamente estúpida, pues se trataba de la canción napolitana, “O solo mio”, “Oso-lemio”…

   -¿La curiosidad no te llevó nunca a analizarte?

   -No, nunca fui a un psicoanalista. Siempre me rehusé, incluso en la Argentina en esa época en la que el país se dividía -como creo que está hoy- en cincuenta por ciento de analistas y cincuenta por cierto de analizados. No, era una especie de análisis barato que yo hacía por mi cuenta. Además me leí todas las obras de Freud y las técnicas que él cuenta para analizar los sueños me ayudaron a descifrar no sólo los míos, sino también mis actos fallidos. Por ejemplo, cuando me olvido de una palabra, o un nombre. Eso no es gratuito y es muy interesante hacer el trabajo con uno mismo. Yo he descubierto así cosas muy curiosas. Si la entrevista no se te hace muy larga te lo cuento. Yo de muchacho, tenía una memoria extraordinaria, que he perdido. Por ejemplo, cuando iba al cine, durante muchos años me acordaba de los nombres de los actores y las actrices, pero también me acordaba de los nombres que tenían los personajes. Entonces, cuando se me bloqueaba un nombre, yo me daba cuenta de que ahí algo no andaba. Un día veo una película con una actriz que tenía cierta fama en la época, que se llamaba Wendy Barrie. Bueno, vuelvo a casa y a la noche me doy cuenta de que no me acuerdo del nombre de la actriz. Me dormí sin recordarlo y a la mañana siguiente empecé a buscar, a repasar el nombre de los otros actores, me empecinaba, me dejaba llevar, hasta que al fin salió: Wendy Barrie. Pero ésa era sólo la primera etapa. La segunda es por qué lo olvidé. ¿Por qué? Mirá si no son sutiles los sueños: lo olvidé porque yo me acababa de pelear con una muchacha que me había dicho “lo que pasa es que vos no querés llegar a ser adulto, vos querés ser Peter Pan. ¿Te acordás de Peter Pan, el niño que no quería crecer? Ella lo usó como símbolo. Y ahí está la explicación: en la segunda parte: en la segunda parte, Peter Pan se llama Wendy y el autor de Peter Pan es Sir James Barrie; ya ves, Wendy Barrie. ¡Estaba todo ahí!

   -¿Qué te parece si pasamos a la política? Todos conocen tu compromiso con las revoluciones latinoamericanas, con Cuba y especialmente con Nicaragua. Más que un observador vos has querido ser protagonista de esas revoluciones.

   -Sí, en la medida que puedo soy un partícipe intelectual con la única arma que tengo, que es mi capacidad de escritura, para darle a la revolución esos elementos de información por un lado y de comunicación hacia el exterior por el otro, que tanta falta hace frente a las distorsiones, mentiras y calumnias. En este momento me interesa de manera especial la revolución nicaragüense porque la cubana ya es mayor de edad, ya es grandecita y sigue su camino, aunque en la medida de mis posibilidades sigo colaborando. En el caso de Nicaragua se trata de una revolución niña y que está muy amenazada. Como sabés, mi participación es apasionada y yo te diría incluso dramática, porque tengo plena conciencia del peligro y la fragilidad que hay en esa tentativa tan rodeada de enemigos.

   -Pero en estos años supongo que habrás sufrido quizá algunas decepciones, que habrás mirado de manera crítica lo que pasó en Cuba por ejemplo. ¿Creés que Nicaragua está al amparo de los errores cubanos?

   -Claro que tuve muchas decepciones. Y los errores son tan repetibles como los aciertos en este campo, de manera que hay que estar muy vigilante. Yo cuento con una gran experiencia en lo que toca a la revolución cubana y eso me permite muchas veces en Nicaragua, cuando me parece observar detalles criticables, adelantarme a señalarlos. En eso tengo la ventaja, con respecto a Cuba, de estar muy cerca de la mayoría de los dirigentes de Nicaragua, que me tienen confianza y afecto porque saben que mi solidaridad es total. Una solidaridad crítica, claro, de manera que cuando yo tengo una charla con Ernesto Cardenal, o con Miguel De’Escoto o con Tomás Borge, o Daniel Ortega o Sergio Ramírez, con mucha frecuencia surgen temas y cuestiones en los que tengo que decir las cosas que no me parecen bien y a ellos les toca escuchar o no esas palabras. Hasta ahora sé que las escuchan porque son sensibles y se dan cuenta de que están luchando con una enorme desventaja en muchos planos y que sólo a fuerza de intensidad mental se va a poder salir adelante. El problema en Nicaragua es que no hay un minuto que perder. Por ejemplo, me dio una gran alegría leer hace pocos días que Tomás Borge, que es ministro del Interior, reconoce que cometieron errores considerables con los indios miskitos por no haber hecho un trabajo preparatorio de conocimiento étnico de su mentalidad. La ingenuidad revolucionaria, que es tan frecuente es nuestros países -y es bueno que sea así-, le da al hombre una hermosa seguridad. Siente que tiene la verdad en la mano y la quiere comunicar. Lo que pasa es que la comunicación no siempre es fácil cuando se hace en contextos azarosos y difíciles. Entonces los nicaragüenses saben ahora que fue una tontería que al otro día de la revolución se fueran a buscar a los miskitos diciéndoles: “hermanos, ahora ustedes son libres y esto es el sandinismo”, y no intentaron previamente documentarse sobre la mentalidad de los miskitos que les siguen llamando “españoles” a los nicaragüenses del Pacífico. Eso yo lo observé y siempre que pude hice las críticas, como lo he hecho en el plano de la educación y de las artes, por ejemplo. Además, llevo adelante un combate en Cuba y en Nicaragua contra el machismo latinoamericano que le hace un mal tremendo a cualquier revolución en América latina . Y como sucede en esa clase de actitudes, los machistas no se dan cuenta de que son machistas y cuentan muchas veces con la decidida colaboración de las mujeres. Bueno, aprovechando la infancia de la revolución nicaragüense, y la experiencia previa de Cuba, que cometió tantos errores (aunque ahora está trabajando en el buen sentido), a mí me parece que es mi deber, y el de todos los que vean las cosas así, llevarlos a reflexionar sobre el problema de ese machismo tradicional, que es conservador y no tiene nada de revolucionario.

   -En cuanto a las cuestiones de las libertades, ¿cuál es tu opinión? Porque el problema es serio en Cuba y ahora empieza a criticarse en Nicaragua en el sentido de que habría una restricción de las libertades públicas.

   -Doy un paso atrás y te diré que el problema viene en este momento en Nicaragua del hecho, que a mí me conmueve, de que el sandinismo triunfante manifestó de entrada su voluntad de mantener un pluralismo político y una economía mixta donde la actividad privada pudiera seguir desarrollándose, ya sea por razones de vocación, de temperamento o de conveniencia. La gente elige una manera u otra de participar en la economía del país. Hubiera sido fácil, cuando tomaron el poder, eliminar para siempre la noción de pluralismo político; sin embargo los sandinistas dijeron y siguen proclamándolo, que respetarán la economía mixta y el pluralismo político. Aprovechando esas garantías, una gran cantidad de gente está hoy favoreciendo la ofensiva exterior contra la revolución. Porque no son sandinistas o porque no están identificados con la revolución, utilizan todos los procedimientos para ponerle trabas al proceso partiendo del principio de que, según ellos, el sandinismo desemboca inevitablemente en el marxismo. Eso está lejos de estar probado, pero es un campo de reflexión que ellos defiende y automáticamente se colocan en una posición liberal que los alía sistemáticamente con los intereses norteamericanos.

   -¿Vos creés que el sandinismo es, en realidad, una revolución?

   -Yo me he planteado la cuestión muchas veces en Nicaragua. Una revolución es la situación total, dentro de la historia, del capitalismo por el socialismo, sin grados intermedios. Lo que yo veo en el sandinismo, en cambio, es un movimiento de liberación. El país fue liberado de Somoza, pero de allí a pasar a la noción de revolución total hay un paso que el sandinismo no quiso dar, y yo creo que hizo muy bien porque si lo hubiera hecho el primer día tal vez ya no hubiera Nicaragua. Ahora bien, la noción de revolución, no es estática ni responde a un molde. Los procesos tienen que ser completamente distintos según la constitución social de cada país. El proceso boliviano, por ejemplo, no puede ser como el cubano, ni éste como el nicaragüense. Eso es lo que la gente se obstina en no querer ver: en nuestros países no se pueden quemar etapas, no se pueden modificar las estructuras a fondo si las estructuras no están dadas.

   -¿Tenés información sobre ayuda de la dictadura militar argentina después de la guerra de Malvinas, a los contrarrevolucionarios que operan desde Honduras?

   -Mis fuentes son nicaragüenses. Allí se supo, antes de la guerra de las Malvinas , que había unos cincuenta militares argentinos adiestrando a los contrarrevolucionarios somocistas. Cuando la guerra de las Malvinas, se dijo allí que los argentinos habían retirado a los asesores, pero en Nicaragua se dice ahora que los asesores, si no los mismos, quizá otros, están de vuelta. Además está el caso de ese barco, el Río Calingasta , que ha llevado armas a Honduras pocos meses después de la definición de Nicaragua en favor de la Argentina por las Malvinas.

   -Cuando en Deshoras te hice la observación de que de los ocho cuentos, seis ocurren en la Argentina, uno no tiene un lugar físico identificable y no hay ninguno que pase en Francia. ¿No te sugiere nada eso?

   -No, pero ahora que me lo decís y que el libro se ha publicado, supongo que eso responde a impulsos inconscientes muy fuertes, porque no puede ser gratuito que yo haya escrito en estos últimos dos años esta serie de cuentos de los cuales hay tantos que están centrados en la Argentina. Vos sabés que a mí nadie me saca de la Argentina: mi cuerpo se habrá ido de allá por razones equis que se podrían discutir y analizar, pero yo no me fui nunca de la Argentina. Ese es un detalle que a veces la gente no ve lo suficiente. Treinta y tres años en Europa, en un país con el que estoy identificado y en el que me siento muy bien, y sin embargo he seguido escribiendo en español, en español latinoamericano, y en un español muy argentino cada vez que el tema lo permite. Si eso no es una prueba de que yo no me he ido de la Argentina, quisiera que me den una prueba mejor. Ahora bien, yo siempre dije que soy continentalista, y me siento bien en cualquier país latinoamericano donde me permitan estar, porque no tengo esa noción, tan criticable, de nacionalismo, de argentinismo, de cubanismo, o lo que sea, que a mí me parece detestable porque es la fuente de nuestras peores desgracias, de nuestra balcanización, de nuestra colonización económica y en gran medida cultural por los Estados Unidos. Nos han dividido para reinar. América latina tiene una fuerza en la que no siempre se piensa, que es la lengua común, esa cosa maravillosa de que más de veinte países hablen el español.

   -Está por aparecer en España y Francia tu último libro escrito en colaboración con tu mujer, Carol Dunlop, poco antes de su muerte.[1] ¿Querés hablarme de ese libro?

   -Es un libro que hicimos en el curso de un viaje por la autopista del sur, entre París y Marsella. Una loca aventura que consistió en que Carol y yo, utilizando un camioncito que era como una casa, hiciéramos un viaje en el que no podíamos abandonar nunca la autopista. Establecimos una regla de juego que no nos permitía detenernos en más de dos descansos por día. En los primeros capítulos del libro se explica lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer y eso lo cumplimos rigurosamente. Por ejemplo, podíamos utilizar todo lo que nos diera la autopista: un hotel, si lo había, nos serviría para ducharnos y dormir en una verdadera cama. Si no lo había, nos lavábamos en la canilla o dentro de la camioneta. No podíamos avanzar más de dos descansos por jornada, así que si en el primero no había sombra o no nos gustaba, seguíamos al otro, pero si éste no era mejor estábamos obligados a quedarnos allí. Nos llevamos para el viaje los víveres, las máquinas de escribir, libros, cassettes de música, y una radio. Era la época de la guerra de las Malvinas y en el libro se habla mucho de eso. Pero cada uno elegía su tema, muchas veces inspirado en lo que veíamos en la autopista. Así se fue compilando un libro al cual se agregaron una enorme cantidad de fotos que tomó Carol y dibujos imaginarios que luego hizo su hijo. El libro fue escrito en francés por Carol y en español por mí y nuestro plan era traducirnos mutuamente. Yo pude hacer la traducción de ella pero ella no pudo hacer la mía. El viaje empezó el 23 de mayo del año pasado, hasta julio. Luego volvimos a París y nos fuimos a Nicaragua. Allí fue cuando Carol se enfermó.

   -¿Todos los textos hacen referencia al viaje?

   -No, muchos tienen que ver con nuestra relación personal, con ese estado de enorme felicidad que tuvimos viviendo de manera totalmente anónima durante más de un mes. Yo soy un gran lector de libros de viajes, de Julio Verne a los exploradores polares y africanos, y quisimos hacer un libro que fuera no una parodia pero un poco como una imitación de esas grandes exploraciones científicas. Hasta llevamos una brújula para orientarnos en los paradores… Es un libro de amor, de contacto de una pareja que es feliz en esa aventura y la goza en su plenitud

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Chat!

Blog Stats

  • 39,470 hits
junio 2017
L M X J V S D
« Abr    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  
A %d blogueros les gusta esto: