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Editorial de La Nación: “Nivelar hacia abajo”

Posted on: octubre 23, 2008

La Nación

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Para que no perdamos de vista qué ven los demás cuando nos ven. Ahora La Nación, con su particular mirada sobre la educación pública, nos brinda su opinión sobre la reforma del estatuto de la UNLP.

Luego de tres maratónicas sesiones, la asamblea de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) reformó el estatuto de esa casa de altos estudios y aprobó “el ingreso libre e irrestricto y la garantía de la regularidad para los alumnos en las facultades”. El texto aclara que “serán considerados estudiantes de la UNLP todos aquellos inscriptos que acrediten haber finalizado los estudios secundarios, garantizando el libre acceso y la igualdad de oportunidades para iniciar los estudios de grado”. De esta manera, los consejos académicos no podrán ejercer la potestad de definir las condiciones de admisibilidad a las diferentes carreras, lo que ha provocado una fuerte polémica con la Facultad de Ciencias Médicas, cuyos exámenes de ingreso son, desde hace 16 años, masivos generadores de reprobaciones entre miles de alumnos. Asimismo, la reforma aprobó la incorporación de los no docentes al consejo académico.

Ningún establecimiento educativo está en condiciones de brindar excelencia cuando se atiborra de estudiantes. Como sostienen destacados maestros de la pedagogía, dar clases no consiste en que un profesor se pare ante cientos de alumnos y hable durante una hora y media o dos. Eso no es dar clases; eso es dictar conferencias, y en ese caso la participación del público es mínima. En estas situaciones, normalmente se tornan imposibles los trabajos prácticos y, muchas veces resulta dificultoso completar el programa de la materia, además de tomar conocimiento de las particulares necesidades y tiempos de cada alumno en la tarea de aprendizaje, dado el condicionamiento temporal.

Resulta imprescindible mantener un estándar elevado de calidad en la enseñanza. Por ello, en lugar de tomar el camino más fácil y que reúne mayor simpatía entre el estudiantado, sería deseable que la dirigencia universitaria asumiera con responsabilidad la tarea de diseñar un sistema racional de ingreso a la universidad, que evite el derroche de recursos al albergar y dar prestaciones a alumnos que no alcanzan niveles de conocimiento y de capacidades personales mínimos que, como prueban innumerables experiencias, están destinados a abandonar la carrera, con los consabidas consecuencias personales y emocionales.

En los últimos años, la Universidad Nacional de La Plata fue noticia, debido a la popularidad que adquirieron los “bochazos” masivos que los estudiantes obtenían en los exámenes de ingreso a sus diferentes facultades, especialmente para entrar en la Facultad de Medicina. Desde esa casa de estudios fundamentaron el examen de ingreso en la “necesidad de mantener la excelencia educativa, porque se trata de una profesión que trabaja sobre la vida misma de las personas”. A partir del nuevo régimen de ingreso, no sería de extrañar que la noticia fuera “bochazo general en el primer parcial” y que algún trasnochado exigiera que también se eliminaran los exámenes de la carrera.

En ningún país serio se accede a las carreras de gran demanda en las universidades públicas con mecanismos de ingreso totalmente irrestrictos. Desde luego que habrá que idear mecanismos de selección adecuados y eficientes para evitar las injusticias, pero sin olvidar que la universidad no está para compensar los enormes defectos de los niveles primario y secundario, sobre los que habrá que trabajar para mejorarlos sustancialmente.

El ingreso irrestricto permite el acceso al nivel superior sin mayor esfuerzo ni suficiente reflexión previa por parte de muchos alumnos que concluyen la escuela media con una formación precaria y, en muchos casos, sin haber pasado por un mínimo proceso de orientación vocacional. Contrariamente a lo que muchas veces se oye, los exámenes de ingreso no son una barrera para el derecho a la educación; simplemente, son un medio dirigido a mantener un nivel de educación elevado, que no coartan la posibilidad de que un aspirante a ingresar en la universidad en un primer intento pueda presentarse al mismo examen un año después, con una mayor preparación.

Con la reforma aprobada en la UNLP, lo que se logra es nivelar hacia abajo, que es la mejor manera de deteriorar la calidad del sistema educativo.

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